Eso no es futbol

En estos días de “cruda post-mundialista” en los que todavía es legal hablar del tema, me han llegado varias noticias sobre disturbios en diferentes ciudades después de la derrotas de, por ejemplo, Argentina y Brasil. Ha habido heridos, detenidos y hechos vandálicos, como en muchas otras ocasiones, en muchas otras ciudades.

Lo preocupante del tema, a mi parecer, es que los comentarios que he visto sobre esto dicen cosas como: “así es el futbol” o “es la pasión del aficionado”.

El futbol es un deporte, antes que nada. Ahora, es también un espectáculo y un gran negocio… pero no deja de ser un deporte. El futbol es una competencia entre 22 hombres o mujeres que intentan meter el balón a la portería del otro y evitar que ese otro meta el mismo balón a su portería. Listo.

Más allá, en un evento como la Copa Mundial, el futbol cobra una vida distinta, de la cual me considero una entusiasta, aunque poco letrada, fanática. Soy un villamelón total, pero me encanta todo el ambiente alrededor de los Mundiales. Me encanta ver los juegos, me emociono, grito como una loca (después de Brasil ‘14 tocará darle terapia a mis hijas tras los sustos que les metí con mis aspavientos) y me aviento todos los programas de análisis y resúmenes de las jornadas.

Así pues, desde esta perspectiva, opino: el futbol no es vandalismo, ni violencia. El futbol es estrategia, lucha, entrega, compromiso con el equipo y compañerismo, incluso entre los equipos rivales. Me impresionó ver imágenes de Bastian Schweinsteiger, de Alemania, que al terminar cada partido, iba saludando y consolando a los jugadores del equipo contrario. Eso es futbol.

Futbol es un niño que puede ir con la playera de su equipo y de la mano de sus papás a un estadio, sin miedo a que nadie lo agreda. Claro que la afición nos hace gritar y enojarnos y llorar… pero de eso a agredir y delinquir, hay un mundo de diferencia.

Los que salen del estadio, después de la derrota de su equipo, y quieren vandalizar, quemar cosas, romper vidrios, golpear coches… esos no son aficionados. Son vándalos. Son delincuentes que se escudan tras una bandera de “afición” para descargar su frustración, sus dramas personales y sus problemas sociales y psicológicos.

Por favor, ya no digamos que “así es el futbol” cuando veamos que alguien se tira de un puente porque su Selección fue eliminada de la Copa. Estoy segura de que esas personas tenían un millón de razones personales, antes que el futbol, para decidir quitarse la vida. O peor aún, no tenían ninguna razón para seguir viviendo. Pero eso, no es futbol.

Yo me quedo con las miles de imágenes que hemos visto de Brasil y su gente, de los partidos, de los jugadores que lo dejaron todo en las canchas, de los aficionados reales que apoyaron, cantaron, gritaron, lloraron… y después se fueron a casa, a reunirse con sus familias y compartir la experiencia de haber vivido un espectáculo como el Mundial de Futbol.

Y me quedo, valga el espacio para esto, con una Selección Mexicana que lo dio todo, que sigue aprendiendo y que sigue recorriendo el camino que tiene que recorrer para llegar a ser todo lo que puede ser. Gracias a ellos, porque yo la pasé increíble, porque me emocionó vestir a mis hijas con la playera verde, porque me divertí con los memes, porque me deprimí como el que más el día de la eliminación y porque me dejaron un gran sabor de boca con esta nueva actitud.

Para mi, eso es futbol.

Y no, no era penal.

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