¿Y el civismo, apá?

¿Quién no recuerda en la primaria y secundaria la clase de Civismo? Aquella donde nos aprendíamos el Himno Nacional, se hablaba del respeto a la Bandera, de la conformación de la Sociedad y las pautas de comportamiento ético y cívico.

El civismo (del latín civis, ciudadano y civitascivitatis, ciudad) se refiere a las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad.

Si después de la clase salías al recreo corriendo, empujando a la niña de enfrente para ganarle en la fila de la tiendita y dejabas la servilleta de tu sándwich y tu bolsa de papas vacía tiradas en el patio, entonces no aprendiste nada de lo que dijo la maestra, ni tus papás te enseñaron nada en tu casa.

Estas personas son las que crecieron creyendo que la responsabilidad de todo a su alrededor es de alguien más y no de ellos… No tendría por qué ser diferente, si así los “educaron”.

Este fin de semana salí a pasear con mi esposo y mis hijas. Estuvimos caminando por Polanco en un domingo de solecito y brisa fresca. Paseamos alrededor del Parque Lincoln y después por Mazarik y Horacio hasta Mariano Escobedo… una caminata larga a la que le agregamos una carreola doble, pañalera, dos bebés de 8 kilos cada una y poca condición física. La verdad es que lo disfrutamos mucho y era algo que hace mucho no hacíamos.

En este paseo tan bonito, nos dimos cuenta de la falta de civismo que hay en este país. Triste, pero cierto. Para empezar, las calles no están planeadas para traer carriola. Las rampas para subir y bajar son escasas, pero a cambio tienes baches, cemento levantado y banquetas llenas de obstáculos.

Dejando de lado el que el presupuesto para arreglar calles seguramente esté en las bolsas de algún funcionario utilizándose para otras cosas, es increíble la falta de educación y respeto de ciudadano a ciudadano. Hay coches estacionados frente a las rampas, impidiendo el paso de la carriola o alguna persona en silla de ruedas, los autos no respetan el paso de peatones, los peatones cruzan por en medio de la calle y no por el paso peatonal o los puentes; en la calle te encuentras basura tirada y que alguien me diga si recuerda un día en el que no haya escuchado en la calle un claxon saludando a la madre de algún otro conductor.

Es facilísimo quejarse del gobierno y rasgarnos las vestiduras cuando la hija de un funcionario hace gala de la prepotencia, ya sea para cerrar un restaurante o para obtener tratos preferenciales. Es facilísimo echarle la culpa al Presidente en turno de que este país no avanza (y aquí valga el espacio para dejar abierto el nombre del país en el que cada uno esté) y de la pobreza y de la corrupción y de todos los males que nos aquejan.

Qué difícil hacernos responsables de lo que nos toca. No habría policías corruptos si nosotros no ofreciéramos mordidas… Así de fácil. ¿Es ya un círculo vicioso? Si, sin duda; pero en alguien debería caber el Civismo para empezar a reeducarnos y para educar a nuestros hijos para saber que si te comes un pan o un jugo en el super y no lo pagas al salir, estás robando. ¿Qué te hace mejor que el carterista o el que roba un banco? En esencia, robar es robar, sin que importe la cantidad.

¿Cómo podrías decirle a tus hijos que no tiren basura en la sala de tu casa, si te ven tirando Kleenex por la ventana del coche? ¿Cómo les pides que no falten al respeto a sus hermanos, si te escuchan como le mientas la madre al coche de junto?

La intención de este post no es ser moralista, sino lanzar una queja. Me indigné mucho por el fulano que se estacionó a comer una torta en una esquina de Horacio, estorbando el paso a la rampa y haciendo que tuviéramos que cargar la carriola para subirla a la banqueta; me indigné por la camioneta que se detuvo en un alto (o más bien ya no alcanzó a pasarse la preventiva) y se quedó estorbando el paso peatonal. Me indigné de tener que saltar encima de la basura de la calle y con la gente que dejó tirado el vaso y la caja de palomitas en el cine… ¿Quién creen que son? ¿Por qué alguien más tiene que recoger la basura que ellos van dejando a su paso? ¿Quién les enseño que está bien pararse e irse sin levantar lo que dejaron aventado?

El civismo se trata de respeto hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el entorno, y por más trillado que suene, eso se aprende en casa y no con palabras, sino con el ejemplo.

La próxima vez que yo me vaya a quejar del gobierno, me detendré a pensar si todo lo que yo estoy haciendo por el país está bien y si todo lo que desde ahora ven mis hijas en mi, es un ejemplo positivo para ellas, para que nunca sepan lo que es dar una mordida ni se crucen un semáforo en rojo, aunque “no venga nadie”.

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