Más momentos perfectos

Hace algunas semanas hable sobre momentos perfectos que se dan de manera inesperada, en medio de la cotidianidad. Aquel día fue mientras dormía a Andrea y hubo un segundo que me llenó de paz y de luz al verla dormir.

 

Una de las miles de cosas maravillosas que tiene el ser mamá de gemelas es el ser testigo del crecimiento simultáneo de dos perfectos seres humanos… Hoy, el momento perfecto me lo regaló Maria José.

Había terminado de darle el biberón de la noche y estaba tratando de que se durmiera. Mientras, Andrea ya se había quedado dormida en brazos de su papá… y María José empezó con su única y característica “risa-grito de emoción”, así que para que no despertara a la hermana, me la llevé a mi cuarto.

Estaba recostada con ella y de pronto me dio los brazos, asi que la cargué y la senté en mis piernas, con su carita a la altura de mi cara; me la acerqué y viéndola a los ojos le dije “Te amo”. En ese momento, como si supiera lo que le estaba diciendo, se rió, echó la cabecita hacia atrás, me rodeó el cuello con sus bracitos y me dió un beso… de esos besos de bebé, con boca abierta, sin dientes y con mucha saliva.

La abracé fuerte, fuerte, y ella repitió el abrazo y el beso, riéndose con la mejor risa del mundo. Así estuvimos diez minutos… riéndonos, abrazándonos y llenándonos de besos y de energía para empezar una nueva semana.

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