La alegría del hogar

No, la alegría de mi hogar no son mis hijas.

Ellas son las princesas, las reinas, las niñas de mis ojos… pero la alegría del hogar, por mucho, es la muchacha.

Por desgracia, resulta que es una alegría efímera. El nivel de rotación actual de las muchachas pondría a temblar a cualquier empresa de servicios. Mi casa ha visto pasar a tres diferentes ayudantes en menos de 6 meses. Y ni qué decir de sus aspiraciones y condiciones. En cada entrevista parece que están buscando trabajo rogando a Dios no encontrar y se dejan pedir unos sueldos y prestaciones como si tuvieran licenciaturas, diplomados, manejo profesional de equipos de cómputo y dominio de 5 idiomas.

Cuando decidimos que a mis ocho meses de embarazo gemelar yo necesitaba mucha más ayuda en mi casa, que contrataríamos a alguien de planta y tuve que dejar ir a Mago, que nos ayudaba una vez a la semana, nunca me imaginé las odiseas que íbamos a vivir…

La primera que encontramos tenía 16 años y estaba recién llegada de Agua de Lluvia, Oaxaca. Por supuesto nunca había trabajado, pero mi mamá y mi inexperiencia me dijeron: “así la puedes enseñar a tu modo”. No me dio tiempo de enseñarle ningún modo, porque al tercer día de estar en mi casa, dejó abierta la llave de gas del horno toda la tarde; cuando yo llegué en la noche, me recibió el peor olor a gas que había experimentado en la vida, me llevé el susto del milenio y ese mismo día la pusimos en un taxi de vuelta a su casa.

La segunda llegó con altas recomendaciones. Lo primero que le preguntamos fue su edad y si ya había trabajado, para evitarnos sorpresas… Resultó ser la alegría del hogar que tanto esperábamos. Yo estaba de incapacidad, así que todas la mañanas me hacía un té, me llevaba fruta picada a mi cama, planchaba como una profesional y parecía hormiguita, todo el día ocupada en algo. Acomodó desde los closets hasta la despensa, cosió botones y dobladillos, lavó a mano la ropita nueva de las bebés y me fue a ver al hospital cuando nacieron, porque quería conocerlas lo antes posible. Después también hizo de nana y me ayudaba a darle de comer a una si yo estaba cambiando a la otra. Hasta tenía buen sentido del humor. Un día le dije que la íbamos a canonizar y que iba a ser “Santa Lupita” para que todos le rezaran, a lo que ella contestó: “Ay no, qué hueva!”.

Santa Lupita se sentó en mi sala una fatídica mañana de sábado y me dijo que tenía “mala la espalda” y que solo trabajaría dos semanas más. De nuevo, la alegría se fue de mi casa.

Y entonces llegó Ana. Muy despierta, muy servicial, adoraba a mis hijas… pero llegó la Navidad y se fue a su casa. Y entonces, como por arte de magia, el día 25 se enfermó su mamá y llegó y un día tarde. Luego llegó Año Nuevo y su abuelo falleció el 1 de enero… dijo que regresaba el dia 3 y nunca más la vimos.

Así que inicié el año nuevo sin la alegría del hogar… y extrañándolas a todas cada vez que uso una cuchara y sé en mi corazón que la voy a tener que lavar (ya no se diga cuando uso ollas o sartenes). Las extraño cada vez que abro mi cama y quiero dormir sin moverme para no arrugarla mucho, porque la voy a tener que tender; cada vez que me quiero poner una blusa y me acuerdo que no está planchada o cada vez que voy al super y compro litros de leche y jugo que después tengo que cargar y guardar con mis manitas. Todo esto  en grado de dificultad 4.0 al incluir un par de bebés en la ecuación.

Sinceramente, considero que soy una buena persona con ellas… A Lupita le regalamos una pijama y un libro que quería en su cumpleaños, con el correspondiente pastel y Las Mañanitas (hasta lloró de emoción la ingrata); a Ana le regalamos una chamarra y un pavo para que llevara a su casa en Navidad. Las trato bien, con respeto y valoro mucho su trabajo; ya nada más me falta hacerles yo el trabajo para que no se me cansen! Qué hago para que la alegría del hogar dure más, me pregunto yo!

Por cierto, no sé si haya quedado claro, pero me urge encontrar muchacha de planta confiable… Informes en @la_new!

UPDATE 22 de enero: gracias a la acción de mi amiga Andrea, habemus muchacha. Diana llegó hoy a casa de mi mamá para ayudar con las bebés y se irá a mi casa conmigo por la tarde. Elevemos una plegaria para que esta alegría permanezca más tiempo (a pesar de lo silvestre que se ve de primera impresión…)

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